Toda producción audiovisual comienza con una idea. A menudo, quien la crea ya visualiza el resultado final o tiene una idea de cómo debería quedar la obra. Esto se aplica especialmente a las películas, pero también a aplicaciones, tutoriales, vídeos de YouTube, tráileres, piezas radiofónicas o tutoriales.
Para lograr una producción audiovisual convincente, es imprescindible planificar y delimitar el proyecto con el mayor detalle posible, partiendo de un buen concepto, algunos diseños de pantalla y un guion gráfico o unos wireframes preliminares. Sin embargo, lo que después influirá de forma decisiva en la percepción de una película o una aplicación son las personalidades que aparecen o se escuchan en la producción: las personas que transmiten el relato.
Los anuncios audiovisuales a veces funcionan bien sin voces, aunque en esos casos apuestan más por las emociones y menos por la información. Si quiere transmitir información, es importante que una personalidad con fuerza sostenga el hilo conductor. Puede ser un especialista, un directivo, un gurú, un actor o, por supuesto, un profesional de la locución. Esta enumeración ya pone de manifiesto la responsabilidad que asumen los locutores y las locutoras en las producciones audiovisuales. Y no importa si la persona aparece en pantalla o acompaña la acción con su voz en off. La voz en el cine y en los medios es el factor humano, el vínculo con el relato y, por tanto, resulta mucho más importante de lo que suele pensarse. El locutor conecta con la dimensión interpersonal y emocional de nuestro cerebro y transmite confianza, transparencia y autenticidad, reforzando así el vínculo entre el público y el contenido que consume.
Nos bombardea una cantidad increíble de información, mensajes publicitarios, noticias y publicaciones. A menudo, nuestra atención dura apenas unos segundos. Por eso también se habla de la era de la sobrecarga informativa. En este contexto, quien planee, por ejemplo, un vídeo corporativo centrado únicamente en imágenes bonitas, edificios de la empresa y movimientos de cámara, sin contar una historia relevante para su público objetivo, no dejará una impresión duradera con su mensaje o, al menos, no aprovechará todo el potencial del tiempo de atención que le concede el espectador.
Pero supongamos que ya sabe todo esto. Aun así, siguen surgiendo estas preguntas: ¿cómo se busca un locutor para una producción audiovisual y cuál es el momento adecuado para incorporar a la locutora o actriz a la producción?
La respuesta es: «Involucre a un profesional lo antes posible». Los locutores y actores pueden ayudar de muchas maneras a planificar una producción audiovisual. Por un lado, tienen una gran sensibilidad para el lenguaje, el ritmo del habla y los tiempos. Por otro, es importante asegurarse desde el principio de que el locutor o actor elegido encaja con la temática del proyecto. No hay nada peor que una voz con una amabilidad impostada en la que se percibe que apenas conoce el tema del que habla o que no está demasiado convencida del producto que promociona.
El casting es decisivo para conseguir un resultado convincente. Y es precisamente en este punto donde fracasan muchos proyectos. Ya sea por motivos económicos o por falta de experiencia de los responsables del proyecto, no se dedica suficiente tiempo a investigar a la hora de elegir una voz. Toda producción audiovisual también construye marca. Apueste por un locutor o una locutora que domine su oficio, encaje con la temática y aporte carisma y capacidad de persuasión.
Nuestro consejo:
Elija al locutor o actor antes de empezar el rodaje o la composición musical y póngase en contacto con él. Deje que la personalidad de quien narra influya en el desarrollo de sus conceptos. No se fije principalmente en el precio del locutor o actor. Si el presupuesto es ajustado, considere más bien sustituir algunas secuencias por animaciones o material de archivo y entienda las imágenes como un acompañamiento estético de una historia que ya resulta emotiva y digna de ser escuchada por sí misma.




